martes, 14 de octubre de 2014

FILOSOFAR ¿TIENE SENTIDO HOY?

FILOSOFAR ¿TIENE SENTIDO HOY?

Álvaro Hernán Rincón Fresneda

“La reflexión filosófica puede abordarse como una actividad propia de la razón, pero además escuchando sus voces, los ecos del sentir; para todos; porque todos podemos filosofar, ya que todos anhelamos lograr un ánimo sereno que nos conduzca a la auto-reflexión y a descubrir, ¿por qué no?, nuestra propia sabiduría de la vida” .

RESUMEN 

El interés por la filosofía, tal como se percibía en la antigüedad, debe fomentar el interés por ir siempre más allá, evitando así limitar el ejercicio filosófico a un espacio, contexto o grupo determinados. Ante todo, se busca mostrar como el filosofar mismo, no solo se da en un salón, una institución, por medio de uno u otro texto y/o autor determinados, sino que definitivamente, hace parte inseparable de de la vida misma en todos sus aspectos, independientemente de la vida que cada persona lleve en sí misma. Es por eso que la filosofía, siempre va a ser una invitación a trascender, a romper las barreras de lo “ya pensado” y replantear, permanentemente, todo aquello que de una u otra forma toca nuestras vidas. Palabras claves: Filosofía, Contexto, Trascendencia, Vida. 

INTRODUCCIÓN

¿Por qué el mundo está al revés? ¿Por qué hacemos el mal y no el bien? ¿En qué invertimos nuestros talentos? Estas y otras tantas preguntas, surgen constantemente ante la terrible y escalofriante realidad que vivimos, donde no pasa un solo día, sin que se escuchen o presencien acontecimientos que de todas formas, atentan contra la vida y el equilibrio natural de nuestro planeta y es allí donde la filosofía, definitivamente, tiene un lugar de privilegio, al tiempo que una inmensa responsabilidad, ya que sin lugar a dudas, solo desde una profunda reflexión, discernimiento y recontextualizacion de nuestras realidades, es posible, no solo idear soluciones, sino también, ponerlas a trabajar.

FILOSOFÍA Y EL MUNDO DE HOY

Amenazas de guerra, enfermedades nuevas, hambre, desastres naturales, robos, violencia urbana, y otros tantos sucesos nefastos, antes que aterrorizarnos, deben cuestionarnos sobre si esta es la vida que nos merecemos y deseamos heredar a nuestros hijos, o si tendremos el valor de modificar una realidad que cada vez y de forma más agresiva, amenaza con deshacer todo aquello por lo que deseamos seguir adelante. Partiendo de lo anterior, es normal y a la vez triste, ver como muchas personas se limitan solo a buscar culpables, incluso hasta nosotros llegamos a hacer en ese juego, donde nadie se responsabiliza por nada.

Nos sentimos cómodos y hasta descomplicados hablando de todo aquello que a diario sucede, sin ni siquiera, proponer alternativas de solución a los mismos. Todos concordamos en decir que sí, que hay problemas, y muy graves, pero a la hora de preguntar sobre su origen, nos hacemos los desentendidos… fácil salida, pero con nefastas consecuencias ¿por qué? Así muchas veces, cómo es lógico, no tengamos nada que ver, al menos de forma directa con los distintos acontecimientos negativos que a diario ocurren en el mundo, nuestra responsabilidad con los mismos, no por ello es menor. Es más, con nuestra propia actitud de cinismo y falta de atención, contribuimos de forma abundante a que estos, no solo no se detengan, sino que por el contrario, continúen sucediendo, y aún, de forma más terrible.

Lamentablemente, en este campo, muchas veces la filosofía, se dedica es a hablar, y de ahí no sale… interesante reto en espera de respuesta. Por ejemplo, cuando sabemos que un funcionario público está robando recursos del Estado, y nosotros sabiéndolo, nos hacemos como se dice los de la “vista gorda”, o le acolitamos el delito, también participando de él, como lamentablemente sucede en nuestro país; unos pocos se adueñan de todo o lo arruinan todo, y nosotros, en vez de denunciar, sea por temor o cinismo, lo dejamos pasar, convirtiéndonos, sin darnos cuenta, en cómplices.

Como este, hay cientos de casos que de una u otra forma, reflejan lo que a diario ocurre, muchas veces, frente a nuestros propios ojos, sin que hagamos nada, y esperando a que otros, se apresten a solucionarnos los problemas. Es por ello, que cuando peor nos encontramos, bien sea a nivel personal o comunitario, ahí sí, volvemos la mirada hacia aquello que es verdaderamente importante y que a pesar de habérsenos dado, no lo utilizamos adecuadamente; se trata de la libertad. Libertad, que desde la filosofía, no solo permite al hombre decidir por sí mismo, sino entender como eso que decide, debe ir en consonancia con la vida de los demás y no en contravía, como muchas veces sucede. La Libertad entendida, no como un simple escoger, pedir, delimitar, exigir, etc., sino como la plena capacidad de determinar hacia donde debemos dirigir nuestras vidas, las guía, sin temor a equivocarnos y por ende, sin poner en riesgo la propia vida y la de los demás.

Es por tanto lógico, que al volver la mirada hacia nuestros orígenes, reconozcamos, independientemente de nuestras convicciones de fe, que todo, absolutamente todo, proviene de un algo superior (Dios). Y ese algo, que nos hizo libres, también desea que vivamos de acuerdo a él y por eso, al hacernos libres, nos invita permanentemente a hacer su voluntad, voluntad reflejada en cosas tan sencillas como decir la verdad, actuar honestamente, denunciar las injusticias, vivir coherentemente buscando ser felices, a pesar de las dificultades que a diario aparecen. Es por eso, que es ridículo afirmar que todo lo que pasa es culpa de otros y que nosotros nada tenemos que ver. No hay nada más falso que esto, ya que el solo pensarlo, permite que lo malo siga haciendo de las suyas, maniatando al bien en su correcto actuar, amenazándolo, desplazándolo, callándolo y hasta eliminándolo (Perfecto campo de acción del discurso y la acción filosófica) Si en verdad nos decimos hombres y mujeres, que deseamos un mundo mejor, libre de tanto mal, no podemos permitir que sigan ocurriendo tantas cosas que en vez de construir, destruyen nuestro mundo y el de los nuestros.

Cualquier cosa que hagamos, por pequeña que sea, siempre hará la diferencia. Hay les dejo la inquietud.

UN FILÓSOFO ¿PARA QUÉ EN UN MUNDO TECNIFICADO Y GLOBALIZADO?

Alguien decía una vez estas palabras, que además de causar risa en algunos, deben cuestionarnos seriamente sobre nuestra misión en el mundo. Es increíble como una simple frase, abarca una realidad cada vez más creciente en nuestras sociedades. Todo es por lo demás. A presar que ya he mencionado este punto varias veces, no puede pasarse por alto que por culpa de nuestro desentendimiento, aparentemente respetuoso, o simplemente normal, cada vez son más los problemas que de a poco, y sin darnos cuenta, nos están destruyendo.

En vez de preocuparnos por cosas verdaderamente importantes (la pobreza, el desempleo, la violencia, y muchos tantos), nos desvivimos por saber cuáles son los zapatos de moda, el bolso más fino, el lugar de veraneo más apetecido, la cantante más bonita, etc., apartando nuestra atención de aquello por lo que vale la pena trabajar, y cuando un pensador, va en contracorriente, simplemente se le calla o aparta. Así, que la respuesta al interrogante del subtitulo, es una sola: todos, absolutamente todos, somos culpables de los problemas y catástrofes que a diario suceden, ya que así no las provoquemos, en el instante mismo que las ignoramos o no hacemos nada por contribuir a su solución, podemos pasar de víctimas, a victimarios. Si en verdad, queremos que las soluciones sean definitivas, participemos de ellas, no solo quejándonos, usemos nuestra razón y nuestro propio ejemplo para salir adelante. No esperemos a que los demás empiecen a actuar. Desde hoy, podemos empezar.

CÓMO UN FILÓSOFO PUEDE… ¿HACER ALGO?

A la hora de hablar de soluciones para los distintos problemas que nos acechan, vengan de donde vengan, y con el afán de terminar con los mismos, podemos caer en el juego de validar todo, sin importar de donde venga, negándonos de tajo la oportunidad de pensar si todo lo que se presenta como solución, sirve o no. Una cosa es arrancar un problema de raíz, otra es poner pañitos de agua tibia y otra muy distinta, e incluso peligrosa, es aceptar de todo. Ojo con este último, usado hoy con mucha frecuencia.

Definitivamente, no es lo mismo solucionar el desempleo de una ciudad, que los embarazos en adolescentes, y es por ello, que como ciudadanos, miembros de una sociedad y con plena libertad de decisión, podemos manifestar cuando algo es bueno y cuando definitivamente no. Por ejemplo: no es lo mismo solucionar la violencia en las ciudades, resocializando a los responsables de la misma y brindándoles opciones legales de desarrollo, que simplemente abarrotando más las cárceles o eliminándolos con las famosas “limpiezas” que nada bueno dejan. Tampoco es lo mismo evitar los embarazos en niñas, repartiendo preservativos a diestra y siniestra, que implementando un sistema de educación sexual digno, respetuoso y conciso.

Ejemplos y situaciones, hay por montones. Es por eso, que toda solución, venga de donde venga, debe, además de zanjar determinado problema, debe sin lugar a dudas, evitar dañar a la población. No hay sea, como ocurrió en cierta ciudad, que por dar empleo a la población (una planta de gaseosas) se terminó arruinando el ecosistema del lugar. No dejemos que unos pocos, por más buenas intenciones que tengan, se encarguen de las soluciones, no hay sea que terminemos más adelante pagando consecuencias que pudieron haberse evitado.

¿QUÉ HACER?

A partir de lo que aquí he plasmado, y partiendo a la vez, de lo que la realidad nos muestra, si en verdad deseamos dar soluciones definitivas, pero respetuosas y dignas a los distintos problemas que constantemente vemos afuera y en nuestros propios hogares, la respuesta es simple, más no fácil:

REFLEXIÓN PROFUNDA, CRÍTICA OBJETIVA. ESO SÍ DESDE LA LIBERTAD

En palabras de Nietzsche: “Un filósofo es alguien que constantemente vive, ve, oye, sospecha, espera sueña cosas extraordinarias; alguien al que sus propios pensamientos lo golpean como desde fuera como desde arriba y desde abajo, constituyendo su especie peculiar de acontecimientos y rayos; acaso él mismo sea una tempestad que camina grávida de nuevos rayos; un hombre fatal, rodeado siempre de truenos y gruñidos y aullidos y acontecimientos inquietantes. Un filósofo, ay, un ser que con frecuencia tiene miedo de sí- pero que es demasiado curioso para no volver a sí una y otra vez”

 A MODO DE CONCLUSIÓN

1. No todo pensamiento o reflexión vale. Ni todo lo pequeño es irrelevante. ¿Harás la diferencia? Formar y dar valor a los seres humanos por lo que son, esto es marcar la diferencia.

2. Ser filósofo hoy no es hablar bonito, plantear utopías o mirar por encima a los demás con la excusa del “yo si sé” es mucho más. Es ponerse las botas e ir al mundo, a plantear retos y soluciones coherentes para una sociedad que cada vez tiene más y necesita mucho más.

 REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS E INFOGRÁFICAS

HEIDEGGER, Martin. SER Y TIEMPO - DA SEIN (1926). Traducción al Castellano por Rivera, Jorge Eduardo (1988) Disponible en http://www.heideggeriana.com.ar

 QUINTÁS, Guillermo. TÉRMINOS Y USOS DEL LENGUAJE FILOSÓFICO (2002) Ed. Marfil, Univ. Valencia.

FILOSOFÍA PARA TODOS. 
Disponible en: http://www.filosofiaparatodos.com.ar/contiene/paratodos.htm 

FRASES Y PENSAMIENTOS. 
Disponible en: http://www.frasesypensamientos.com.ar/autor/friedrich-nietzsche_17.html

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